1 de agosto de 2009

Oro y Azul




Cuando lo vio no lo podía creer, un pequeño cachorro de tigre dorado, con su madre muerta justo a su lado. Se acerco de manera lenta hacia el animal, este de casi tres kilos, le enseñaba sus pequeños pero muy afilados dientes y aunque no para matarle, si era capaz de dejarle una bonita cicatriz como no extremara la precaución. Sonreía viendo como el pequeño, intentaba proteger a su madre muerta, examinando desde un metro de distancia a la tigresa estimo en unos casi tres metros su longitud, demasiado grande para el estándar científico de los tigres, era un ejemplar único en su especie, la lucha defendiendo a sus pequeños cachorros, y las heridas que tenia por todo su cuerpo producida por este cruento combate, la habían desangrado por completo.





El pequeño continuo al acecho, pero a la suficiente distancia, como para hacer imposible su captura y de pronto lo vio, no estaba solo el pequeño dorado, debajo de una de las patas de la madre estaba otro pequeño cachorro, pero este era azul. Las leyendas sobre estos ejemplares resultaron ciertas, las historias que su abuelo le contaba de niño eran reales, pero estas situaban a los azules en caso de existir, en la antigua provincia china de Fujian no en el delta del río Brahmaputra. Reconoció tres rastros de sangre alejándose de allí, serian otros tigres hambrientos; desde la desaparición de Fenghuang, las cosas habían ido de mal en peor. Los animales se atacaban unos a los otros, daba igual la especie a la que pertenecieran. No podía dejar a los cachorros, morirían de hambre o a manos de otros depredadores, ahora como conseguir su confianza era ya harina de otro costal, pensó.





El mundo estaba cambiando y lo notaba, la presencia de dos cachorros casi mitológicos de tigres así lo decía, los únicos tigres dorados que se conocen nacieron en cautividad y nunca nadie había visto un tigre azul, solo por las historias que pasaban de abuelos a nietos se sabia de su posible y discutida existencia. Cuando recibió el aviso de su abuelo para regresar al Himalaya, supo que ya nada seria igual.



Entonces recordó las chocolatinas que tenia en su mochila, sin hacer movimiento brusco alguno las saco y las ofreció al pequeño dorado, este con la curiosidad de un niño las olisqueo y sacaba a la vez las uñas, mientras gruñía intentando asustarle, finalmente el hambre pudo más que el miedo y dio buena cuenta de la chocolatina, su hermano estaba muy débil y cogiendo un bolígrafo y una bolsa improviso un pequeño biberón para darle un poco de leche en polvo mezclada con agua; ganada la confianza de Oro y Azul, así los llamo, recordando que nunca había sido su fuerte los nombres de las mascotas que había tenido, sonrió pensando en una cacatúa que le regalara una antigua novia durante su época de universitario en Santiago a la que bautizo llamándola Loro, a pesar de ser hembra.





Ya situados en la canoa continuo ascendiendo el río Brahmaputra, el hijo de Bramâ, estaba tranquilo de noche, pero la ausencia de aves cantando o tigres rugiendo le mantuvo en guardia, algo estaba mal y no sabia lo que era, apenas llevaba doscientos kilómetros y conocía que el río serpenteaba a lo largo de 2896 kilómetros un trayecto muy largo. Desde su vuelta a España a los doce años no había vuelto a visitar a su abuelo, de vez en cuando recibía una carta de este y le hablaba de la vida en el lago Mana Sarovar, cerca de la montaña sagrada de Kailash. La noticia a través de una de las cartas de que el pájaro mitológico Fenghuang habría desaparecido y que esto traería graves consecuencias para el planeta, al principio le hizo gracia, pero el maremoto y el tsunami que asolo varias ciudades de Europa, así como las repentinas nevadas en pleno Sahara, meses después le alerto. Entonces decidió visitar a su abuelo y descubrir que había detrás de esas mitologías.



Miro a los cachorros dormidos entre la mochila y su manta, el balanceo de la canoa, era un buen somnífero para cualquiera, pero pronto amanecería y durante el día esas aguas eran peligrosas, infestadas de traficantes de droga, desde la caída del régimen comunista de China, las cosas van de mal en peor en las antiguas fronteras asiáticas, eras tan poderoso como tantas armas y hombres poseas, con lo cual ahora aquel territorio era un campo de tiro y minas. sin ley alguna, los riesgos durante le día se multiplicaban por cien, y no quería quedarse al comienzo del camino, necesitaba encontrar a su abuelo, y preguntarle por lo que ocurre. El mundo estaba al borde del colapso y nadie conoce la causa, excepto al parecer un viejo historiador y paleontólogo español, que vivía casi como un ermitaño en el lejano Himalaya.



Según había leído en Internet, el monte Kailash era el lugar de residencia de Shivá el legendario dios de la destrucción en la mitología hindú, y su abuelo en uno de sus viajes a la India, había decidido visitarlo con su hijo, su nuera y su pequeño nieto. En la Universidad de Santiago del que era catedrático de Historia Antigua, le habían tachado de loco por llevar a su pequeño nieto a un viaje tan peligroso, pero al viejo nunca le importaron las criticas y se fue con el niño de tres años a las lejanas tierras del Tíbet.



De aquello hacia ya 32 años, y 22 desde que viera a su abuelo por última vez, el viejo profesor, el viejo lunático como le recordaban por las distintas aulas del departamento de Historia de Santiago...


6 comentarios:

POLIDORI dijo...

Me ha gustado mucho. Has mantenido el ritmo durante todo el relato.

Espero que consiga reencontrarse con su abuelo y hagan lo correcto con esos cachorros de tigre.




John W.

Gustavo dijo...

Muy bueno el cuento, me re gusto. Y aguante Skeletor jaja! Digo por la fotoque tenes al principio. Un abrazo. Chau

Javier Pol dijo...

Gracias a los dos, intentare desvelar poco a poco, y sin orden ni concierto si consigue reencontrarse con su abuelo y las andanzas de los tigres.

Ya ves Gustavo, Skeletor se fue de paseo, en su lugar aparecio la Dimensión Desconocida, un saludo.

fher dijo...

Gracias por pasar por mi blog... excelentes los dos tuyo...

tengo el presentimiento que a este personaje le queda mucho por vivir antes de encontrar a su abuelo...

nos seguimos

un abrazo

Carmen Rivero dijo...

Javier, espero con muchas ganas la continuación. Muy bueno...
Besos

Angel Collado Ruiz dijo...

Javier, hermano, que Bueno tu cuento!, Es hermoso y mantienes el ritmo y la atención, entre naturalismo y futurismo, muy agradable, por una cuestión interesante, te vas al futuro por otro camino no trillado. Un aplauso, Voy a seguir leyendo. Un fuerte abrazo, angel.